El diagnóstico del síndrome de abstinencia alcohólica es fundamentalmente clínico y se basa en la identificación de una serie de síntomas que aparecen tras la interrupción o reducción drástica del consumo de alcohol en personas con dependencia física. La evaluación debe comenzar con una cronología precisa de la última ingesta, ya que los síntomas siguen un patrón previsible.
Para objetivar la gravedad del cuadro, la herramienta de referencia es la escala CIWA-Ar (Clinical Institute Withdrawal Assessment for Alcohol). Esta escala permite al personal sanitario puntuar diez parámetros específicos, incluyendo náuseas, temblores, sudoración, ansiedad y alteraciones sensoriales (alucinaciones visuales o táctiles).
Más allá de los síntomas presentes, la evaluación debe integrar la identificación de factores de riesgo de mal pronóstico. Como indican los estudios, es crucial indagar sobre antecedentes de crisis epilépticas previas, episodios pasados de delirium tremens, el consumo simultáneo de otras sustancias y factores sociodemográficos como el bajo nivel educativo o el desempleo. Estos elementos permiten al clínico anticipar una evolución tórpida incluso antes de que los síntomas físicos se vuelvan críticos.